Aunque todavía estemos maravillados viendo a Jonathan Pryce y Anthony Hopkins deambulando juntos por la Capilla Sixtina, hay que mencionar que en ningún momento ninguno de los actores - ni nadie del equipo - traspasó las puertas de El Vaticano. La superproducción de Netflix dirigida por Fernando Meirelles y que cuenta con varias nominaciones a los Oscar, entre ellas Mejor Película, tuvo que hacer cábalas cuando el Santo Estado les denegó el permiso para poder rodar dentro del sagrado edificio. Esto es, que no hay ni Capilla Sixtina ni ninguna escena que acontezca dentro de la sede central de El Vaticano cuyo diseño sea real. Es más, ni siquiera el equipo pudo tomar ninguna toma desde la Plaza de San Pedro. Lo único que obtuvo el sí quiero fue la utilización de las imágenes reales entre ambos Papas que aparecen al final del filme. Toda la ciudad de El Vaticano que aparece en la cinta ha sido creada con escenografías y efectos especiales. Como prueba de ello, la compañía que...
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