Viva estuvo en Madrid en el rodaje de "Una vez en la vida", corto del realizador español, quien contó que también quiere dirigir a Diego Capusotto y filmar una de terror en Buenos Aires. Amanece en una Madrid invernal y clara. El equipo de rodaje de Alex de la Iglesia –remera de Carrie, campera tipo frazada, jeans– copa el gigantesco bar El Brillante, “leyenda viva del bocadillo de calamares”, donde los madrugadores –clientes y extras– desayunan churros con café con leche o sándwiches de rabas con cerveza. La parafernalia cinematográfica se expande en la calle, en las dos entradas: la que da a la estación Atocha y la que da al museo Reina Sofía. Pleno centro. Alex es una bestia en su hábitat: “El rodaje es el momento más feliz, el más sincero: la guerra. Desaparecen el pasado y el futuro, y por fin vives el presente. No recuerdas ni pospones ni proyectas. En la guerra, en un rodaje, te metes en un follón del que sólo puede salvarte tu capacidad de pensamiento rápid...
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