En la obra literaria Fuego y sangre (Fire and Blood), las circunstancias exactas que rodearon el deceso de Lucerys Velaryon permanecieron sumidas en la ambigüedad. Pese a que diversas crónicas de la época señalaban el trágico desenlace como una represalia directa y premeditada por parte de Aemond Targaryen, el hecho es que jamás se presentaron evidencias contundentes al respecto y los restos mortales del heredero nunca pudieron ser localizados. Por esta razón, la adaptación televisiva optó por reinterpretar este acontecimiento presentándolo como un infortunio imprevisto, un desenlace fatal que escapó por completo del control y de las verdaderas intenciones de Aemond. Conviene señalar que este giro narrativo obedece a la perspectiva más humanizada y empática que la producción ha decidido otorgar a personajes clave, especialmente a Rhaenyra y Alicent.