"Vi a Barbie, sí. Para mí, esto es cinismo disfrazado de optimismo. Esta es toda la locura de nuestro tiempo. Un fabricante de juguetes que financia su propia película y que compra a una cineasta americana para hacer más presentables estas muñecas tan anticuadas... Es una locura, en mi opinión… Una de las cosas buenas de la economía de mercado es que, como hay competencia, creamos productos. Y tratamos de hacerlos mejores que los demás. Y para eso necesitamos el boca a boca entre los espectadores. Pero una película como Barbie secuestra ese proceso al invertir un montón de dinero en marketing, y ya no hay más boca a boca" , declaró Östlund al medio francés Premiere .
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