El Festival de Venecia acoge, en su Sección Oficial Fuera de Competición, un documental sobre la joven activista medioambiental Greta Thunberg, dirigido por Nathan Grossman.

En una de las escenas más reveladoras del documental 'Greta (I Am Greta)', la joven Greta Thunberg, angustiada por la dificultad de traducir a un idioma extranjero uno de sus discursos (y por la incomprensión de su padre, que le pide que “se relaje”), se estira en su cama y entierra la cabeza en la almohada, expresando una frustración bien conocida por todo aquel que haya atravesado una adolescencia compleja; es decir, por todo el mundo. Luego, en otro momento curioso, el presidente francés Emmanuel Macron, en una charla informal, bombardea a Thunberg con preguntas acerca de sus intereses, a lo que la joven activista medioambiental responde con el autoconsciente lema de 'I’m a nerd' ('Soy una nerd'). Estas dos escenas representan, en buena medida, el mayor mérito del documental dirigido por Nathan Grossman: el acceso a la intimidad de Thunberg, que no tiene reparos a la hora de mostrar ante la cámara la congoja con la que vive la catástrofe climática y su responsabilidad como cabeza visible del movimiento medioambientalista. El espectador también accede a numerosas “home movies” familiares, donde vemos a Thunberg de niña, mientras ella misma y su padre hablan de la depresión que sufrió la joven en el pasado.
'Greta (I Am Greta)' es también un estudio acerca de las formas del activismo en la era de Internet. Además de seguir a Thunberg en numerosos actos públicos y en sus intervenciones ante altos mandatarios políticos (muchas de ellas bien conocidas), Grossman filma a la activista intercambiando e-mails, y consultando y actualizando sus perfiles en redes sociales. El documental sabe capturar el modo en que “Greta”, el icono, el fenómeno, se va magnificando de manera exponencial a medida que otros activistas de todas partes del mundo se van sumando a las iniciativas de Thunberg. Por último, el documental tiene el gran mérito de estar ahí desde el principio, cuando la activista sueca tenía 15 años y, en agosto de 2018, inició desde el anonimato una “huelga escolar” para denunciar la inoperancia medioambiental del gobierno sueco.
Fuente: Fotogramas
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