Por casi cien años, la Academia ha entregado el Óscar al mejor director sin que nunca lo haya ganado un cineasta negro. Este año, esa larga sequía —que durante mucho tiempo quedó en un segundo plano— podría pasar de ser un detalle marginal de la historia a convertirse en el foco principal, y Ryan Coogler es el motivo.
Durante una entrevista con Variety, Coogler declaraba: “El mayor peligro es que algo así pueda minar tu esperanza, desilusionarte o hacerte sentir que lo que haces no vale la pena. Intento proteger mi pasión por lo que hago. Si sé que las estadísticas me van a entristecer, no pienso en ello. Sabía cómo eran John Singleton y Spike Lee antes de saber cómo era Spielberg".
Al llegar Coogler a la Universidad del Sur de California (USC), el ya desaparecido John Singleton entabló amistad con él y lo acompañó y aconsejó en sus inicios: "La razón principal por la que fui fue por él. Era mi mentor y veía mis cortometrajes".
Variety le preguntó a Coogler qué significaría ganar. Tras una pausa reflexiva, dice: "Mi premio es la oportunidad de tener este trabajo. La oportunidad de escribir un guion, reunir un equipo, contratar a trabajadores sindicalizados, contribuir a la salud, los seguros y a las familias de las personas. El hecho de tener este trabajo y seguir teniéndolo es el mayor regalo".

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