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La histórica estadía de tres días de Christopher Reeve en Chile durante su desafío al régimen de Pinochet

A principios de noviembre de 1987, diversos artistas y escritores chilenos recibieron una amenaza por escrito del Comando 135 - Acción Pacificadora Trizano. Pese a ser una organización desconocida para ellos, los afectados la vincularon de inmediato con los aparatos represivos del régimen de Pinochet, una deducción lógica tras años marcados por el exilio y la persecución política.

Una advertencia del grupo extremista dio a 78 artistas chilenos, a quienes tildaban de colaboradores marxistas, un periodo de 30 días para salir del territorio nacional. La lista incluía a nombres de peso como el entonces líder de Sidarte, Edgardo Bruna, junto a figuras como Julio Jung y Delfina Guzmán. Ante la gravedad de la amenaza, el gremio activó de inmediato sus redes internacionales, buscando que celebridades de diversas partes del mundo denunciaran el hecho y dieran visibilidad a la emergencia.

El dramaturgo Ariel Dorfman, radicado en Carolina del Norte y colaborador habitual de The New York Times, era el enlace estratégico en Estados Unidos. Dorfman se encontraba nuevamente en el exilio tras haber sido expulsado de Chile por denunciar el brutal crimen del fotógrafo Rodrigo Rojas de Negri, que murió a causa de las quemaduras infligidas por una patrulla militar durante una protesta contra la dictadura militar de Augusto Pinochet. 

Su etapa en el extranjero le permitió consolidar relaciones con intérpretes norteamericanos, especialmente con aquellos que mantenían un fuerte compromiso con el activismo y las causas sociales.

El vínculo con Christopher Reeve no fue directo ni nació del propio autor. La iniciativa surgió de la poeta Rose Styron, quien aprovechó su amistad con Margot Kidder —la intérprete de Lois Lane— para hacerle llegar la información. Fue la gestión de Kidder la que motivó al actor a comunicarse rápidamente con el dramaturgo chileno.

Durante su charla telefónica, ambos comentaron una columna que Dorfman había sacado a la luz recientemente en The New York Times. Tras analizar el texto, el actor procedió a plantearle un par de interrogantes: “Si voy, ¿cuán peligroso es Chile para mí? Si voy, ¿cómo ayudaría eso a mis colegas chilenos”. Su contraparte contestó sin rodeos: “Si vas, puedes salvarles la vida”. Tras una pausa, Reeve le confirmó que tomaría el vuelo.

“Ninguna organización ofreció ayuda, y ofrecí pagar la mitad de su pasaje, además del boleto de mi mujer, con quien se encontró en Miami”, reveló Dorfman al diario chilena La Tercera en 2017.

Ante la imposibilidad del escritor de viajar a territorio chileno, fue su mujer, Angélica Malinarich, quien asumió la tarea de escoltar al intérprete. El actor aterrizó apenas con una maleta de mano, aunque su imponente estatura hizo que pasara poco tiempo antes de ser reconocido. Al no contar con guardaespaldas propios, su seguridad durante esos tres días quedó en manos de un grupo de colegas locales Jaime Celedón –en cuya casa alojó–, Julio Jung y María Elena Duvauchelle, entre otros. Se creó un sistema de turnos para garantizar su seguridad durante su breve pero compleja estadía.

Su recorrido por la capital chilena contempló lugares emblemáticos como el teatro La Comedia del grupo Ictus, la clásica Pizza Nostra y el desaparecido Galpón de Los Leones. La tensión aumentó cuando el actor asistió a una protesta en plena Alameda; el evento fue dispersado violentamente, lo que incrementó la preocupación de quienes velaban por su integridad.

Siguiendo el plan trazado, el actor se reunió con el gremio artístico en el gimnasio Nataniel el 30 de noviembre de 1987. La fecha era simbólica y crítica, pues marcaba el vencimiento del plazo impuesto por el Comando 135 para que los artistas abandonaran el país.

“Estoy aquí de actor a actor, de trabajador a trabajador, de amigo a amigo”, señaló sobre el escenario –con Malinarich como traductora–, descartando que el motivo de su visita estuviera ligado al mundo de los cómics. “Mi preocupación es con los derechos humanos”, agregó ante la euforia de los presentes.

Aquellas 72 horas marcaron el punto álgido de un viaje fugaz que, sin embargo, cimentó una relación muy estrecha entre el actor y el país. Este lazo se fortalecería con el tiempo gracias a su apoyo activo en la campaña del "No" y sus apariciones especiales en la Teletón para colaborar con la causa.




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