Guillermo del Toro rescata la esencia de El laberinto del fauno durante su paso por Cannes, aprovechando el espacio para reivindicar el valor del arte
A casi veinte años de su debut, El laberinto del fauno sigue cautivando al público del Festival de Cannes. La obra maestra de Guillermo del Toro, que en 2006 estableció un récord histórico con una ovación de 22 minutos, volvió a triunfar en el certamen durante la presentación de su versión restaurada en 4K, donde el director fue recibido entre aplausos por la audiencia.
“Hace veinte años, hacer esta película fue como ir contra la corriente en todo momento. Fue la segunda peor experiencia cinematográfica de mi vida, la primera fue ‘Mimic’ con los Weinstein. Aquello fue horrible".
Añadió que "El laberinto del fauno" fue "muy difícil en la preproducción, nadie quería financiarla, y en la producción todo salió mal. Si te veo en la Croisette, te lo cuento. Y luego, en la posproducción fue igual de difícil".
Del Toro recordó haber llegado a Cannes "justo a tiempo" con la copia de la película y la emoción de recibir la ovación sin precedentes. "¡Es como ir al trabajo!", exclamó refiriéndose a la ovación. "Es lo que te lleva ir de la oficina a casa. Y fue muy extraño porque, a pesar de mi físico, no estoy acostumbrado a la adulación. Me cuesta mucho asimilar el cariño. Y Alfonso Cuarón estaba conmigo en el pasillo y me dijo: 'Déjalo entrar. Deja que el amor entre'".
Del Toro adoptó entonces un tono serio al reconocer que “desafortunadamente, vivimos en tiempos que hacen que esta película sea más pertinente que nunca, porque nos dicen que resistir es inútil, que el arte se puede hacer con una maldita aplicación, y nos enfrentamos a cosas formidables”.
"Pero siento y pienso, como la niña Ofelia en "El laberinto del fauno", que si tan solo pudiéramos dejar nuestra huella, si pudiéramos enfrentar nuestra fe contra nuestra fe y nuestra fuerza contra nuestra fuerza, hay esperanza. Y lo último que podemos hacer es entregarnos a una de las dos fuerzas: podemos entregarnos al amor o podemos entregarnos al miedo. Jamás, jamás, jamás nos entreguemos al miedo".

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