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La muerte de Homelander en los cómics de 'The Boys' resulta ideal debido a la absoluta falta de respeto y solemnidad con la que se aborda su final

A pesar de que Homelander se erige durante toda la trama de The Boys como el antagonista principal, el desenlace de su vida subvierte totalmente esta idea al arrebatarle cualquier rastro de decoro e importancia. El personaje, concebido como una versión satírica y sumamente poderosa del Superman de DC, actúa como un opresor despiadado que termina por perpetrar un golpe de Estado en la nación norteamericana, cobrándose la vida del mandatario y de una gran cantidad de ciudadanos en una estrategia sumamente improvisada por consolidar su dominio.

El desenlace de Homelander llega a manos de Black Noir, quien se revela como un clon creado por la corporación Vought-America con el único propósito de eliminarlo si se rebelaba. Esto convierte a Black Noir en el verdadero peligro supremo de la saga. Al hacer que Homelander muera fuera de escena, la trama no solo entrega un giro impactante, sino que destruye por completo la imponente reputación que el personaje construyó durante toda la historia.

"Homelander acusa a Black Noir de arruinarle la vida, admitiendo al final que en realidad no tiene el control".

En las páginas de The Boys #65, Black Noir da un paso al frente para que Homelander se entere de la realidad: su supuesto aliado no solo planeaba su muerte desde el principio, sino que se hizo pasar por él para cometer atrocidades brutales. El objetivo era incriminarlo y forzar a Vought a dar la orden de eliminarlo. La ironía es que los propios crímenes reales de Homelander nacieron del trauma de creer que de verdad había cometido esas salvajadas mientras estaba disociado. Ante esta revelación, Butcher lo sentencia con una frase demoledora: "Eso significa que te convertiste en un psicópata por error".

A lo largo de la mayor parte de The Boys, Homelander es retratado como una fuerza destructiva e imparable, un ser inmune a cualquier ataque convencional que sumerge a la nación en el caos siguiendo sus propios impulsos. Aunque proyecta con éxito esa fachada de peligro absoluto, la realidad detrás de su inmenso poder es mucho más patética: en el fondo, no es más que un engaño sostenido por una mentalidad inmadura e infantil.

"Es un final brillante para Homelander, que toma a un personaje que deseaba ser visto como el mal supremo y lo mata fuera de escena en una lucha contra una amenaza aún mayor".

La vida de Homelander llega a su fin a manos de Black Noir en un evento que ocurre fuera de cámaras.

Al inicio del número, vemos a Homelander instalado en el Despacho Oval con una falsa sensación de omnipotencia; sin embargo, termina desatando una pataleta repleta de insultos antes de ser despedazado sin piedad por su oponente. Este desenlace es magistral para el villano, ya que toma a alguien que ansiaba ser coronado como la máxima representación del mal y lo elimina fuera de escena en un combate contra un peligro todavía más grande. Para colmo, su caída ocurre justo después de que quede en evidencia que Homelander jamás tuvo la menor idea de quién movía realmente los hilos en las sombras.

El intento de golpe de Estado de Homelander resulta en un fracaso rotundo: apenas sobrevive un día y concluye con su muerte a manos del recurso más secreto de Vought, mientras que las fuerzas militares desmantelan por completo a su ejército de supers. En sus últimos momentos, Homelander no tiene más remedio que encarar la crudeza de sus acciones. Aunque se había autoengañado creyendo que era un psicópata despiadado y actuaba como tal, el secreto de Black Noir saca a la luz lo vulnerable y manipulable que siempre fue. Desesperado, Homelander culpa a Noir de destruir su existencia, aceptando finalmente que jamás tuvo las riendas de su propio destino.

"A diferencia de Homelander, cada uno de los Boys sufre una muerte trascendental y desgarradora que subraya su humanidad e importancia..."

The Boys guarda un desenlace todavía más sombrío para el que es su VERDADERO antagonista.

El abrupto y despiadado final de Homelander choca directamente con las expresiones más burocráticas y terrenales del mal dentro de The Boys. En la obra original, James Stillwell opera como el director ejecutivo de Vought y el encargado de controlar a los supers. A diferencia de la impulsividad salvaje y arrogante de Homelander, Stillwell actúa con una frialdad matemática que resulta igual de mortífera; por ejemplo, cuando los agentes federales asignados a la escuela de Godolkin se salen de la línea, no duda en ordenar su exterminio con misiles y lanzallamas en el mismo campus. Él es el cerebro detrás de las mayores atrocidades de la empresa, priorizando siempre el beneficio corporativo sin importar cuántas vidas inocentes destruya a su paso.

A pesar de su maldad, Stillwell es el mejor crítico de Homelander dentro del universo de The Boys , y lo mira con puro desdén. Stillwell señala que, si bien Homelander ha cometido actos terribles, los ha hecho sin ningún propósito ni imaginación. The Boys resume su visión de Homelander a través de Stillwell, quien dice: "¿Qué has pensado hacer que la más insignificante criatura de esta especie sin sentido no pudiera, incluso si tuviera tu nivel de poder?".

La meta definitiva de Stillwell es presionar al gobierno de los Estados Unidos para que integre a los supers en el sistema de defensa nacional, un logro que tuvo prácticamente al alcance de la mano. Sin embargo, la fallida e impulsiva insurrección de Homelander arruina por completo la estrategia, poniendo a la ciudadanía firmemente en contra de la comunidad sobrehumana. Durante casi toda la historia, Stillwell se muestra imperturbable; incluso bajo las amenazas de muerte de Homelander, sus pulsaciones ni siquiera se alteran. No obstante, en la entrega final su fachada se quiebra por completo al asimilar una dura realidad: los superhéroes son una mercancía defectuosa y, por más que lo intente, ni su fría brillantez será capaz de solucionarlo.

La trama vuelve a conectar con Stillwell en las páginas de The Boys: Dear Becky (de Garth Ennis y Russ Braun). Más de una década después de los acontecimientos de la saga principal, Hughie se encuentra con un Stillwell que jamás logró superar su colapso mental, habiendo extraviado cada beneficio que obtuvo durante su época de perversidad corporativa. Un desenlace igual de sombrío aguarda a la inescrupulosa agente de la CIA, Susan Raynor, cuyas estrategias de utilizar vidas inocentes como moneda de cambio para ascender profesionalmente solo la dejan vacía, sin gloria ni estabilidad emocional. Es en ese momento cuando Hughie se despide de ella con las palabras: "¿Alguna vez alguien decente la amó, señora directora?".



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