A sus 53 años, el actor que encarnó durante más de una década al querido y torpe protagonista de The Big Bang Theory confesó en el podcast All Out with Jon Dean, transmitido el 13 de julio, que en la cúspide de la fama de la comedia era en realidad bastante "miserable", ya que el vertiginoso ascenso de su carrera vino acompañado de una intensa presión y un estrés constante por la popularidad que le resultaron profundamente difíciles de sobrellevar.
“Ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que, en muchos sentidos, incluso en algunos de los mejores momentos de mi vida, fui infeliz. No era feliz. Estaba estresado. Sentía que tenía que estar haciendo demasiadas cosas a la vez y que el éxito y las cosas buenas de la vida que me sucedían se debían únicamente a ese exceso de trabajo. Quizás en cierto modo fuera verdad. No lo sé. No puedo asegurarlo porque así era yo. No lo volvería a hacer, ni por todo el dinero del mundo. Fue estresante y, a veces, una experiencia miserable. Yo mismo me lo busqué”.
Ante la interrogante de Dean sobre si su actitud respondía únicamente a una fuerte "ética de trabajo", Parsons aclaró que en el fondo se trataba de un patrón de conducta sumamente inflexible, señalando: "En realidad, era básicamente un comportamiento obsesivo. Sí, era disciplinado. Sí, tenía una buena ética de trabajo, pero gran parte de ello se debía a que tenía un componente obsesivo-compulsivo".
Al plantearse si realmente es posible que un talento joven logre "equilibrar las cosas" ante un fenómeno de semejante escala, Parsons se mostró escéptico; no obstante, aclaró que no se arrepiente del camino recorrido, pues afirmó: “No estaría donde estoy ahora mismo si no hubiera vivido esa etapa de mi vida, y esa naturaleza un tanto autodestructiva formó parte de ella”.
El actor destacó que su vínculo con Sheldon Cooper se ha ido transformando de manera positiva con el paso de los años, expresando: "Lo que siento es mejor. Lo que siento es más saludable".

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