Aunque trataba a la reina Alicent con toda la cortesía debida a su posición, no había afecto entre ellos, y se decía que el príncipe se mostraba notablemente frío con los sobrinos que ella le había dado, sobre todo con Aegon y Aemond, cuyos nacimientos lo habían hundido aún más en el orden sucesorio. La princesa Rhaenyra era harina de otro costal. Daemon se pasaba largas horas en su compañía, encandilándola con relatos de sus viajes y batallas. Le regalaba perlas, sedas, libros y una tiara de jade que se decía que había pertenecido a la emperatriz de Leng; le recitaba poemas; cenaba con ella;practicaba la cetrería con ella; navegaba con ella, y la divertía mofándose de los verdes de la corte, los «lameculos» que mariposeaban en torno a la reina Alicent y sus hijos. Alababa su belleza y declaraba que era la doncella más hermosa de los Siete Reinos. Tío y sobrina comenzaron a volar juntos casi a diario, haciendo carreras con Syrax y Caraxes hasta Rocadragón y de vuelta.
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