'El Americano': La cinta estadounidense que representa a Sudamérica como una región sumida en caos, corrupción y revoluciones internas
La película "El Americano" (The Americano, 1916), protagonizada por Douglas Fairbanks, es citada frecuentemente por historiadores del cine como un ejemplo temprano de la ideología del Destino Manifiesto y una justificación simbólica del intervencionismo estadounidense en América Latina.
01. El argumento: El "salvador" Yankee
La trama sigue a un ingeniero estadounidense, Blaze Derringer (Fairbanks), que viaja a la ficticia nación sudamericana de "Paragonia". Allí se encuentra con un país sumido en el caos, la corrupción y las revoluciones internas.
La narrativa del "policía mundial": El protagonista no solo resuelve el conflicto romántico, sino que utiliza su ingenio, fuerza y superioridad tecnológica (como ingeniero) para derrocar a dictadores locales y restaurar el orden "adecuado".
02. Estereotipos y Civilización vs. Barbarie
La película refuerza la idea de que los países latinoamericanos son incapaces de autogobernarse.
Representación negativa: Los locales suelen ser retratados como perezosos, traicioneros o cómicos, mientras que Fairbanks encarna la energía, la honestidad y la eficiencia de los EE. UU.
Justificación moral: Al presentar a Paragonia como un lugar que necesita ser "arreglado", la película sugiere que la intervención de EE. UU. no es una invasión, sino un acto de benevolencia y progreso.
03. Contexto histórico: La diplomacia del dólar
En 1916, Estados Unidos estaba activamente involucrado en intervenciones militares en el Caribe y Centroamérica (las llamadas "Guerras del Banano"). Películas como esta servían para:
Normalizar la presencia de ingenieros y militares estadounidenses en tierras extranjeras.
Validar la explotación de recursos, ya que el protagonista va originalmente para reabrir minas de oro.
En resumen
Aunque en su época se promocionó como una simple comedia de aventuras y acción (el género que hizo famoso a Fairbanks), un análisis moderno revela que sí justifica las invasiones y el imperialismo. Lo hace bajo la premisa de que el hombre estadounidense tiene el "deber" de llevar el progreso y la estabilidad democrática a vecinos que considera "atrasados".

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