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Los finalistas de Eurovisión se presentan en una gala marcada por el boicot de países como España e Irlanda en protesta por la participación de Isr*el

La participación de Isr*el ha provocado que cinco naciones —Irlanda, España, Eslovenia, Países Bajos e Islandia— decidan boicotear el certamen, desencadenando la crisis más severa que ha enfrentado el concurso en sus siete décadas de existencia.

La controversia ha ensombrecido el ambiente de este evento, caracterizado tradicionalmente por su alegría, lujo y excentricidad, donde representantes de diversos países compiten por el favor del jurado y el voto popular. A pesar de haber alcanzado una audiencia de 166 millones de televidentes el año pasado y de ser un pilar cultural para el colectivo LGBTQ+, la edición de este año en Viena, Austria, refleja el impacto del conflicto. Con solo 35 naciones participantes, se registra la cifra más baja desde 2004, y se anticipa una posible reducción en la afluencia de espectadores.



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