Por Javier Barón Rodríguez
Para entender el hard rock y el glam metal de los 80's hay que remitirse a Mötley Crüe. Banda insignia del movimiento que con cinco álbumes de estudio en aquella década dejó su huella indeleble.
Para entender el hard rock y el glam metal de los 80's hay que remitirse a Mötley Crüe. Banda insignia del movimiento que con cinco álbumes de estudio en aquella década dejó su huella indeleble.
Conociendo a fondo su discografía y siendo sus canciones parte importante de la banda sonora de mi vida; mis expectativas de la película eran muy altas.
El material para crear un buen filme estaba allí. Buenos músicos, exitosos, vidas convulsas por un estilo de vida hedonista lleno de excesos. Sin embargo desde el inicio se nos muestra a personajes caricaturescos, planos, llenos de clichés de un solo registro que no muestran la complejidad del mundo interno de los cuatro músicos. El tono y el tratamiento es superficial. Mostrando a cuatro tipos que van ascendiendo en la efervescente escena musical de Los Ángeles, teniendo mucho sexo con sus fans y bebiendo cantidades industriales de Jack Daniels.
Por momentos parece que estamos viendo una película de Dumb and Dumber o de Jackass por la forma estúpida con la que retratan la personalidad de cada uno de los integrantes de la banda. No hay profundidad en la construcción de las características individuales ni se escarba a fondo en el talento que los llevó a la cima. En la primera hora se acentúan una sucesión de escenas que remarcan el estilo de vida alocado y salvaje de la banda con algunas escenas escatológicas de mal gusto.
Es justo cuando se muestra el accidente fatal que tuvo el vocalista, Vince Neil, en el que se originó la muerte de su compañero de parranda Razzle, baterista de la banda finlandesa, Hanoi Rocks, cuando hay un intento por mostrar la atmósfera del cambio interno que produjo esta tragedia en la banda. La adicción a la heroína de Nikki Sixx, los problemas óseos de Mike Mars y los líos conyugales de Tommy Lee. Todo en un tono melodramático de entretenimiento banal que no logra despegar.
Los actores que los interpretan, tienen calidad. Pero no hay mucho que hacer cuando el guion es malo y la dirección plana.
Es entretenida y más si eres fan de la banda. Le falta sustancia. No deja esa sensación de conexión majestuosa que nos brindó Bohemian Rhapsody.
Queda a deber y no le hace justicia al legado musical de la banda. Para verla en una tarde de ocio y nada más.
6.5 Estrellas.

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