Por Javier Barón Rodríguez
The Haunting of Hill House (2018) Dir. Mike Flanagan.
''El miedo es el abandono de toda lógica. La renuncia voluntaria al dominio de la razón. Cedemos o combatimos. No hay términos medios.''
La primera vez que estuve en contacto con el trabajo de Mike Flannagan fue con la película, 'Oculus'. Un espejo maldito que contiene una identidad maligna que de a poco va manipulando a los poseedores del espejo llevándolos a mundos paralelos en los que se confunde lo real con lo imaginario detonando y enviando a los infortunados a una espiral descendente de locura, traumas y muerte.
Flanagan retoma estos conceptos de entidades malignas que sutil e inadvertidamente hacen mella en la psique humana y los inserta en el contexto de una casa embrujada en la que cinco niños : dos chicos y tres chicas pasan el verano de 1992. Sus padres se dedican a remodelar casas antiguas y a revenderlas. Ven en ésta una buena oportunidad sin saber que en ella cohabitarán con entes fantasmales sombríos que viven en un limbo de oscuridad que requiere mantenerse en contacto con el mundo de los vivos para asegurar su existencia.
Destaco la narrativa no líneal que va fluctuando entre pasado y presente con constantes flashbacks que sirven de herramienta para la construcción detallada de la personalidad respectiva de cada uno de los hermanos y sus arcos narrativos en la vida adulta en función de su experiencia y contacto con los entes fantasmales en su niñez.. A mayor inocencia y sensibilidad, se incrementa la vulnerabilidad; el daño es mayor. Los seres de sombras dejan marcas aparentemente imperceptibles que ya en la edad adulta han dado pautas que convierten en inoperantes diversos aspectos de sus vidas.
El mayor, en apariencia el menos afectado, escribe novelas exitosas de fenómenos paranormales. Es escéptico y pone murallas a su alrededor en su trato con las personas. El menor, es adicto a drogas duras y vive entrando y saliendo en centro de rehabilitación, va dando tumbos por la vida.
Por su parte las hermanas, una tiene una funeraria y embalsama cuerpos, otra, tiene un doctorado en psicología, no tiene relaciones de más de una noche. La menor, gemela del adicto, al igual que él es muy vulnerable. Será ella con una decisión radical y sorpresiva la que hará que la familia disfuncional se reúna y confronte todo lo sucedido en aquella casa en el verano de 1992. Sin simulaciones. Aceptando el dolor en diferentes formas que habita en cada uno de ellos.Determinados a enfrentar a los habitantes espectrales que han dejado una huella que ha trastornado su vidas.
En los últimos capítulos se van hilando las claves de escenas que en primera instancia parecían aisladas. Un rompecabezas de narración magistral en la que todas las piezas comienzan a encajar hasta en los detalles mínimos. Eslabonando los cauces de liberación para que los miembros de la familia Crain, derroten a los fantasmas internos y externos que no los han dejado fluir en plenitud, recuperar la energía vital y dejar atrás los daños psicoemocionales a los que fueron sometidos por los habitantes del limbo espectral.
Una serie extraordinaria que utiliza el terror psicológico para lanzarse con profundidad a la exploración de la complejidad de las relaciones familiares y los miedos recónditos emanados en la niñez que causan traumas y trabas en la vida adulta cincelando vicios de personalidad que no corresponden al lienzo original que debe plasmar cada integrante de la familia en su ruta personal. Abrirse de capa puede ser una experiencia terrorífica y a la vez, liberadora.
La serie tendrá una segunda temporada. Lo que es digno de celebrarse Pocas veces surgen obras de este tipo que rebasan el mero entretenimiento.









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