En vísperas de Navidad, el 24 de diciembre, los X-Men nos regalan una divertida y festiva historia en la que los protagonistas no son los tradicionales Reyes Magos ni los pastorcillos, sino mutantes y una figura prácticamente omnipotente.
La aventura comienza poco antes de Navidad. Varios X-Men —Tormenta, Banshee, Nightcrawler, Coloso y Wolverine— están adornando el árbol cuando reciben una alerta: Cerebro, la supercomputadora que detecta mutantes, ha identificado en Nueva York al mutante más poderoso jamás registrado. Los héroes salen inmediatamente con la intención de reclutarlo para su equipo.
Al llegar a un centro comercial, se encuentran con miembros de la Hermandad de Mutantes Diabólicos —Toad, Blob, Mastermind, Pyro, Unus el Intocable y Fantomex— que han acudido con idéntico objetivo. Como era previsible, ambos bandos inician una pelea en medio de las multitudes de compradores navideños.
El combate se detiene abruptamente cuando los villanos desaparecen y reaparecen transformados en simples juguetes. El autor de esta hazaña es nada menos que Papá Noel, quien resulta ser el mutante de poder extraordinario que ambos grupos buscaban. Santa, sin embargo, rechaza alinearse con cualquier facción, especialmente en Navidad, por lo que teletransporta a los X-Men hasta el Rockefeller Center y, de paso, borra de sus mentes los eventos de la última media hora. La historia concluye con los héroes algo confundidos, reuniéndose con el resto del equipo para disfrutar de una tranquila celebración navideña.
Al examinar las habilidades que Santa muestra en el relato, se aprecia que posee inmortalidad, telequinesis, telepatía, teletransportación, control climático a escala planetaria, inmunidad total al calor y al frío, transmutación molecular de la materia y manipulación de la gravedad, lo que lo convierte, sin duda, en uno de los mutantes más formidables de la Tierra.
Esta entretenida historia fue escrita por Scott Lobdell, ilustrada por Dave Cockrum y entintada por Joe Rubinstein, y se publicó en el especial navideño de Marvel de 1991. En aquella época, Marvel solía equilibrar sus arcos largos y dramáticos con relatos cortos y más relajados, ofreciendo a los lectores —tanto veteranos como nuevos— una lectura ligera y divertida antes de sumergirlos en la siguiente gran saga épica.

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