Se presentó en las oficinas de Skechers de Los Ángeles "sin avisar y sin invitación" y comenzó a grabar al personal de las instalaciones hasta que dos miembros de seguridad lo escoltaron a la salida. Poco después, la marca de zapatillas emitía un comunicado en el que dejaba clara su intención de no tener nada que ver con West: "Condenamos sus comentarios y no admitimos ningún tipo de discurso de odio. Además, volver a remarcar que se ha presentado sin haber sido invitado".
Por medio de su cuenta de X el cantautor y trombonista de origen puertorriqueño escribía: "Los manejadores de Bad Bunny intentaron salvar su actuación y convirtiérla en un gran éxito. Ellos fueron muy inteligentes al hacer que se retractara vistiéndose de mujer, también le hicieron mostrar la bandera azul cielo junto a la bandera pecosa, algo que nunca abogaría. Luego lo protegieron con Lady Gaga, que no conoce su tras*ro de un agujero en la pared. Pero el mayor perdedor, el mayor perdedor, fue Ricky Martin, que sonaba como una mi*rda y cantó una canción antiestadounidense sobre no dejar que Puerto Rico se convirtiera en Hawái. Esto de un "nacionalista socialista" que elige vivir en South Beach, criando a su hijo g*y adoptivo y a su marido comiendo poll*".

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