"Los detractores dirían que la de Blanchett es la actuación más fuerte -la veterana actora es, indiscutiblemente, increíble como la prolífica directora Lydia Tár-, pero cabe señalar que ya tiene dos premios Oscar (a la mejor actriz de reparto por El aviador en 2005, y a la mejor actriz por Jazmín azul en 2014). Un tercero quizás confirmaría su estatus como un titán de la industria pero, considerando su trabajo expansivo e incomparable, ¿todavía necesitamos más confirmación? Mientras tanto, para Yeoh, un Oscar sería un cambio de vida: su nombre siempre estaría precedido por la frase "Ganador del Premio de la Academia", y debería resultar en que obtenga papeles más sustanciosos, después de una década de ser criminalmente infrautilizada en Hollywood", relata el artículo de la revista Vogue que Yeoh compartió en sus stories de Instagram y luego borró.
Por medio de su cuenta de X el cantautor y trombonista de origen puertorriqueño escribía: "Los manejadores de Bad Bunny intentaron salvar su actuación y convirtiérla en un gran éxito. Ellos fueron muy inteligentes al hacer que se retractara vistiéndose de mujer, también le hicieron mostrar la bandera azul cielo junto a la bandera pecosa, algo que nunca abogaría. Luego lo protegieron con Lady Gaga, que no conoce su tras*ro de un agujero en la pared. Pero el mayor perdedor, el mayor perdedor, fue Ricky Martin, que sonaba como una mi*rda y cantó una canción antiestadounidense sobre no dejar que Puerto Rico se convirtiera en Hawái. Esto de un "nacionalista socialista" que elige vivir en South Beach, criando a su hijo g*y adoptivo y a su marido comiendo poll*".

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