“No creo que se pueda ser una estrella infantil sin algún tipo de daño duradero. La gente no se da cuenta de lo mucho que pesa hablar constantemente con la prensa cuando eres niña”, explica. A los siete años su fama “creció como una bola de nieve”, y Wilson tuvo que aguantar preguntas de periodistas sobre si sabía lo que era un “francés” o a si podría elegir al compañero de reparto que le pareciera “más sexy”.
“Había gente que me enviaba cartas inapropiadas y publicaba cosas sobre mí en Internet”. Wilson recuerda concretamente cómo descubrió que su rostro había sido superpuesto al cuerpo de mujeres adultas en sitios web de porn*graf*a. “Cometí el error de buscarme en Google cuando tenía 12 años y vi cosas que no pude dejar de ver”.

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