“Fue como: ‘esto es lo que tengo que hacer por mi trabajo’. Yo tenía dos opciones. Podía fingir que estaba de acuerdo con todo y dejar que todos se preguntaran: ‘¿Están juntos? ¿No están saliendo? ¿A ella le parece bien esto? ¿Qué car*jos está pasando?’ O podía defenderme y decir: ‘No, en realidad esto no me parece bien, y me voy’. Así que eso fue lo que decidí hacer... Estaba rota. Solo quería respeto, especialmente si todo iba a ser público. No me hagas quedar como una estúpida. No ridiculices a alguien con quien estuviste más de tres años hablando de un futuro juntos. Ten algo de decencia. Al final del día, era como: bueno, el trabajo viene primero. Y si ese es el caso, esa es tu prioridad. Yo tengo que alejarme”, declaraba Gigi Paris en el pódcast Too Much, conducido por Emma Klipstein.
Por medio de su cuenta de X el cantautor y trombonista de origen puertorriqueño escribía: "Los manejadores de Bad Bunny intentaron salvar su actuación y convirtiérla en un gran éxito. Ellos fueron muy inteligentes al hacer que se retractara vistiéndose de mujer, también le hicieron mostrar la bandera azul cielo junto a la bandera pecosa, algo que nunca abogaría. Luego lo protegieron con Lady Gaga, que no conoce su tras*ro de un agujero en la pared. Pero el mayor perdedor, el mayor perdedor, fue Ricky Martin, que sonaba como una mi*rda y cantó una canción antiestadounidense sobre no dejar que Puerto Rico se convirtiera en Hawái. Esto de un "nacionalista socialista" que elige vivir en South Beach, criando a su hijo g*y adoptivo y a su marido comiendo poll*".

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