"No la conocía. Y, la verdad, solo esperaba que no fuera una pequeña diva que, de alguna manera, se había amargado por completo con tanto éxito inicial. Y no me decepcionó. Era encantadora. Y realmente buena. Me encantó, al instante. Menos mal que no es una imbécil, porque eso me dejaría paralizado. Es tan natural y talentosa como he visto. Lo tiene todo, tío, esa chica lo tiene todo. Así que me invitó a su caravana donde conocí a su familia y a todos los perros —bueno, no a todos, al parecer son como diez más que no conozco—. Es abierta, amable, dulce y todo lo que nos gustaría que fueran nuestras jóvenes protagonistas, ¿no? He trabajado con niños —aunque ahora no es una niña— que, de la primera a la tercera vez que trabajé con ellos, se convirtieron en unos pequeños imbéciles. Porque este negocio, si no tienes la cabeza bien puesta, y es difícil cuando eres un niño, puede llenarte de ideas erróneas sobre lo que importa, y ella parece tener los pies en la tierra en lo que realmente importa. Estoy orgulloso de ella", declaraba Hamilton en entrevista con Variety.
Por medio de su cuenta de X el cantautor y trombonista de origen puertorriqueño escribía: "Los manejadores de Bad Bunny intentaron salvar su actuación y convirtiérla en un gran éxito. Ellos fueron muy inteligentes al hacer que se retractara vistiéndose de mujer, también le hicieron mostrar la bandera azul cielo junto a la bandera pecosa, algo que nunca abogaría. Luego lo protegieron con Lady Gaga, que no conoce su tras*ro de un agujero en la pared. Pero el mayor perdedor, el mayor perdedor, fue Ricky Martin, que sonaba como una mi*rda y cantó una canción antiestadounidense sobre no dejar que Puerto Rico se convirtiera en Hawái. Esto de un "nacionalista socialista" que elige vivir en South Beach, criando a su hijo g*y adoptivo y a su marido comiendo poll*".

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