Mucho antes del Steadicam y los drones la película Soy Cuba logró el plano secuencia más audaz del cine
"Soy Cuba" (Я Куба / I Am Cuba), dirigida por Mijaíl Kalatózov y fotografiada por Serguéi Urusevski, se estrenó en 1964 como una coproducción entre la Unión Soviética y Cuba. Una de sus secuencias más célebres es el funeral de un estudiante ases*nado durante una manifestación contra la dictadura de Fulgencio Batista. La escena, de aproximadamente tres minutos, está filmada en un único plano secuencia, es decir, sin cortes visibles de montaje. La cámara acompaña el cortejo desde el nivel de la calle, asciende por la fachada de un edificio, entra por una ventana, atraviesa un taller de tabacos y vuelve a salir al exterior hasta ofrecer una vista elevada de la multitud, creando un movimiento que aún hoy resulta sorprendente.
Lo extraordinario de esta secuencia es que fue realizada más de una década antes de la invención de la Steadicam y mucho antes de la llegada de los drones, los estabilizadores electrónicos, las cámaras digitales ligeras o los efectos visuales modernos capaces de eliminar cables o unir tomas de forma invisible. Aunque suele decirse que la cámara "voló", en realidad parece volar gracias a un complejo sistema mecánico diseñado especialmente para la filmación. De acuerdo con las reconstrucciones realizadas por historiadores del cine, la cámara era trasladada manualmente entre operadores y diferentes dispositivos, como plataformas elevadoras, grúas, poleas y cables, mientras el enfoque y la exposición se ajustaban en tiempo real durante todo el recorrido. Cualquier error obligaba a repetir la toma desde el principio.
Durante décadas, "Soy Cuba" permaneció prácticamente olvidada fuera de Cuba y la antigua Unión Soviética, hasta que fue redescubierta internacionalmente a comienzos de la década de 1990. Cineastas como Martin Scorsese y Francis Ford Coppola contribuyeron decisivamente a impulsar su restauración, preservación y distribución internacional, permitiendo que nuevas generaciones descubrieran su innovador lenguaje visual. Más de sesenta años después, esta secuencia sigue siendo considerada una de las demostraciones más audaces de la historia del cine, no por su duración, sino por la extraordinaria complejidad técnica y artística de un movimiento de cámara que continúa pareciendo adelantado a su tiempo.

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