Aunque Spider-Man posee fuerza, velocidad y resistencia sobrehumanas, los cómics de Marvel han establecido desde hace décadas que su cuerpo no es a prueba de balas. Su principal defensa frente a las armas de fuego es el sentido arácnido, que le permite detectar el peligro con anticipación y esquivar los disparos. Cuando un proyectil logra alcanzarlo, puede sufrir heridas graves, tal como ocurre en "The Amazing Spider-Man #542", donde Peter Parker recibe un disparo durante la historia "Back in Black".
Esta misma lógica explica por qué el personaje puede resistir los golpes de enemigos mucho más fuertes, como Hulk, pero seguir siendo vulnerable a cuchillos, espadas o balas. La fuerza de un impacto se distribuye de manera distinta a la penetración de un objeto afilado o un proyectil, por lo que su resistencia física no convierte su piel en impenetrable. Marvel ha mantenido esta característica de forma consistente a lo largo de los años.
Esa vulnerabilidad también ha quedado reflejada en enfrentamientos contra organizaciones como The Hand (La Mano), cuyos miembros suelen emplear espadas y otras armas blancas. En diversas historias, Spider-Man resulta herido por ataques cortantes, reforzando que, pese a sus extraordinarias habilidades, sigue siendo un héroe que puede sangrar y sufrir lesiones cuando sus enemigos consiguen superar sus reflejos.

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